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Tango volando (....Sin fronteras....) PDF Imprimir E-Mail
Escrito por João   
jueves, 17 de abril de 2008

Tango volando

Siempre me apasionó pensar en el Tango como un idioma. Y un idioma es lo que nos permite comunicar con los demás con base en una estructura gramatical que proporcione amplitud al diálogo, a la escrita, etc. Es cierto que sin un idioma común se puede comunicar, pero desde luego estamos mucho más limitados a un diálogo que nos lleve a temas más profundos de un contacto....

Así que la posibilidad que el Tango nos da de bailar en cualquier punto del mundo, nos permite hacer sentir como si estuviéramos en casa, aunque estemos en el punto más lejano del planeta, y esto porque reconocemos el espacio, la música, el ambiente, y podemos poner en práctica este idioma común (y que bueno puede ser un “diálogo”). Y aquí está un punto importantísimo por el cual le debemos prestar honor.

 

Por el propio baile asociado a su música, encontramos una riqueza en su estructura de composición que nos lleva a poner en la pista toda nuestra creatividad (sensibilidad, sensualidad, elegancia) con la pareja. Y, ¿qué mejor que las propias letras tangueras que hablan de alegrías y tristezas, felicidad y angustia, amores y desamores, para comprender señores que estamos hablando de temas por demasiado universales? De esto se puede concluir que el entorno y el contenido del Tango es algo que nos afecta e influye a todos, sin fronteras.

El Tango tiene una dimensión autónoma, puede convivir con globalizaciones o no, puede pasar décadas de crisis y se renueva después, muere y renace como un fénix de sus cenizas, y esto porque siempre habrá gente que entenderá su alma y lo sobreeleve.

 

Por esto mismo, el no puede vivir de fórmulas o esquemas, o correría el riesgo de ser incompatible entre personas dependiendo de donde lo aprendieron, que es lo que pasa muchas veces por parecer haber una especie de “poder local” que se basa en saber tantos pasos los posibles para que uno pueda bailar algo con los mismas personas de siempre. El Tango es un mundo de invitación, y de invitación al desconocido, por lo cual no hace sentido estar encarcelado entre media docena de pasos que no sabemos si el otro lo entiende. La cosa viene desde arriba señoras y señores, del pecho, desde dentro, del alma, no de los pies….esos dibujan.

 

De la misma forma no s puede olvidar que lo principal cuando se baila es sentir y no pensar, abstraerse y disfrutar. A esto puedo referenciar lo que una vez Fernando Pessoa escribió:

 

“Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es

sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama

ni sabe por qué ama, ni lo que es amar…

Amar es la eterna inocencia,

y la única inocencia es no pensar…”

El Tango no vive de fórmulas, vive eso sí de la gramática del idioma, o sea, de la técnica de la transferencia del peso, de la conducción, de la manutención del eje, de la disociación……y a todo esto solo hay que le echar amor.

 

¿Cuantos de nosotros no estuvimos ya delante del mar, bajo el cielo al borde de un precipicio, y que, por la grandiosidad y pasión del momento, hemos sentido que si saltáramos podríamos volar?

A pesar de esta fuerza interior creo que todos hemos preferido quedar con la duda: el Miedo.

El Miedo es la fuente que nos limita al que solamente conocemos, que nos reduce a las fronteras de lo que tenemos seguro y nos quita libertad.

 

Jugar siempre por lo que es seguro es lo que quita la posibilidad de descubierta…..y de entrega. Si resulta más difícil atrevernos con la naturaleza, menos difícil debería ser atrevernos con nuestras entregas a lo largo de la vida, porque no resultan directamente en peligro físico, pero aun así el ser humano vacila…..subsisten los miedos.

 

En el Tango, que se presenta como algo de tan puro y sensorial, parece que tampoco escapa a esta enfermedad del ‘jugar por lo que es seguro’. El miedo en la entrega y el no saber los resultados que implican esa entrega resultan en una privación de todas las sensaciones que se puede tener cuando una pareja flota bailando. Se juega por lo que es seguro por querer hacer todo bien, de intentar no fallar nunca, poner en practica el paso de la clase que se tiene en memoria, pero…¿¿hacer todo bien para qué?? y....¿¿qué problema hay en fallar??, y…¿¿qué es fallar??

 

Si nos atrevemos a pasar barreras, descubrimos un sin número de falsos temas. Iniciados, medios o avanzados no existen, son clasificaciones, y desde aquí hago la invitación a la libertad de estas codificaciones. La diferencia está entre creer y no creer, o sea, entregar sin prejuicios y no entregar. No se trata de que el cinturón amarillo invitó la cinturón negro a bailar…

Entiendo que la existencia de clasificaciones por los profesionales hace falta para organizar un mercado de trabajo que separe las personas, porque al final son ellas que necesitan de esta lógica, pero que cada uno tiene que tener la capacidad de saber interprétalas. Que ningún ‘avanzado’ piense que no le hacen falta cosas de un ‘iniciado’. Hace falta: ¡SIEMPRE!

Y les cuento un secreto: hay ‘avanzados’ que nunca se entregan.

 

Pero volviendo al tema de ‘Creer’,…. ¿o debería decir Volar?, que bueno seria que todos pudiéramos olvidar el mundo afuera cuando estamos bailando, y aprovechar de que existen las milongas donde nos podemos tirar del precipicio sin coger riesgos de mayor…

Esta entrega, este colocar de lado la memorización de pasos, el pecho en el pecho, son el creer que se puede volar. Por esto mismo el Tango es espiritual, y encima un espiritual terreno, palpable, directo y además compartido…tenemos en nuestros brazos la persona testigo de lo que sentimos.

João

Modificado el ( viernes, 13 de junio de 2008 )
 
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